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El Bosque de La Florida como bien común socioambiental: percepción comunitaria, apego al lugar y co-gobernanza territorial

Rodrigo Órdenes Villanueva
Orvital Conecta; Agrupación Niñez Segura

Elizabeth Macaya Paredes
Agrupación Niñez Segura; Orvital Conecta

Edilia Bravo Carvallo
Universidad de La Serena; Universidad Central, Sede La Serena

La Serena, Chile

Nota de los autores

Rodrigo Órdenes Villanueva, Psicólogo, Director Académico de Orvital Conecta y de la Agrupación Niñez Segura.

Elizabeth Macaya Paredes, Presidenta de la Agrupación Niñez Segura y encargada de Gestión en Sustentabilidad de Orvital Conecta.

Edilia Bravo Carvallo, Magíster en Género e Intervención Psicosocial, académica de la Universidad de La Serena y de la Universidad Central, Sede La Serena.

Correspondencia relacionada con este artículo debe dirigirse a Rodrigo Órdenes Villanueva. Correo electrónico: rodrigoordenes@orvitalconecta.cl

Resumen

Este artículo analiza la percepción comunitaria del Bosque de La Florida, en La Serena, Chile, como bien común socioambiental, soporte de bienestar subjetivo y territorio en disputa. Se desarrolló un estudio cuantitativo, no experimental, transversal y descriptivo-exploratorio, basado en una encuesta aplicada a 573 personas, en su mayoría residentes cercanos al bosque. Los resultados muestran una valoración muy alta y homogénea del lugar: las medias de diez ítems oscilaron entre 5,39 y 6,91 sobre 7, configurando un efecto techo y un consenso amplio respecto de su valor ecológico, identitario, recreativo y emocional. Además, 75,2 % de la muestra vive a un radio aproximado de 1 km, 73,2 % visita el bosque al menos una vez al mes, 74,7 % declara disposición a pagar una entrada para su mantención y 91,8 % respalda fórmulas de articulación público-privada-comunitaria. La discusión interpreta estos hallazgos como evidencia de apego al lugar y de una base social favorable a la co-gobernanza territorial. Se concluye que la protección del bosque no solo constituye una tarea ambiental, sino también una acción de salud pública, justicia espacial y legitimidad democrática.

Palabras clave: psicología ambiental comunitaria; apego al lugar; bien común; co-gobernanza; bosque periurbano

Introducción

El Bosque de La Florida, ubicado en el periurbano de La Serena, constituye uno de los últimos relictos de vegetación nativa en un territorio sometido a la expansión urbana, la fragmentación de hábitats y el estrés hídrico característico de la zona semiárida del norte de Chile. Su relevancia excede ampliamente la dimensión paisajística: el bosque aporta regulación ecológica, soporte a la biodiversidad, estabilización de suelos y bienestar subjetivo, además de actuar como un referente identitario para la comunidad que habita o frecuenta el sector.

La literatura en psicología ambiental ha mostrado que los lugares relevantes no se reducen a su materialidad física. Los vínculos entre personas y entornos se estructuran mediante emociones, memoria, uso cotidiano y pertenencia, configurando procesos de apego al lugar que organizan la experiencia territorial y la disposición al cuidado (Scannell & Gifford, 2010; Lewicka, 2011). Desde esta perspectiva, la defensa de un bosque periurbano puede leerse como una práctica social que expresa identidad, continuidad biográfica y reconocimiento del territorio como parte de la vida cotidiana.

En América Latina, además, el análisis de los espacios socioambientales exige considerar conflicto, ensamblaje y disputas de legitimidad. Los espacios públicos y naturales no son escenarios neutros, sino producciones socioespaciales atravesadas por relaciones de poder, tensiones de uso y sentidos comunitarios divergentes (Berroeta & Rodríguez Mancilla, 2012; Solano-Molina et al., 2024). Por ello, la valoración del Bosque de La Florida no puede comprenderse solo como preferencia estética o recreativa, sino como una posición territorial frente a procesos de urbanización y presión sobre el suelo.

Sobre esa base, el presente artículo busca describir y analizar la percepción comunitaria del bosque y discutir sus implicancias para la protección territorial. La hipótesis orientadora es que un alto valor socioambiental atribuido por la comunidad constituye una condición necesaria, aunque no suficiente, para la preservación del bosque; para transformarse en resguardo efectivo, dicho valor debe traducirse en mecanismos estables de participación, corresponsabilidad y co-gobernanza.

Método

Participantes

Se realizó un estudio cuantitativo, no experimental, transversal y de alcance descriptivo-exploratorio. Participaron 573 personas que respondieron voluntariamente una encuesta en línea. La muestra estuvo compuesta principalmente por mujeres (73,5 %), seguida de hombres (25,3 %) y categorías residuales (1,2 %). Un 75,2 % declaró vivir a un radio aproximado de 1 km del bosque, lo que sugiere una relación territorial próxima, cotidiana y situada.

Instrumento

Se aplicó un cuestionario con preguntas cerradas, escalas tipo Likert codificadas de 1 a 7 y una pregunta abierta sobre experiencias, significados y valoraciones asociadas al bosque. El instrumento buscó indagar percepción de valor ecológico, bienestar subjetivo, uso cotidiano, disposición a colaborar y apoyo a fórmulas de gestión compartida.

Procedimiento

La encuesta fue difundida por canales comunitarios y respondida de manera voluntaria mediante una plataforma digital. La estrategia de levantamiento privilegió la proximidad territorial con el bosque, con el fin de captar percepciones de personas que mantienen contacto directo o frecuente con el lugar. El estudio resguardó la confidencialidad de las respuestas y utilizó datos agregados para el análisis.

Análisis de datos

Se calcularon frecuencias, porcentajes y medidas descriptivas de tendencia central para los ítems cerrados. Las respuestas abiertas se organizaron mediante una codificación temática simple, orientada a identificar núcleos de significado recurrentes. El análisis privilegió una lectura interpretativa situada en la psicología ambiental comunitaria y en los estudios de apego al lugar.

Resultados

La escala de percepción mostró una valoración muy alta y homogénea del Bosque de La Florida. En los diez ítems evaluados, las medias oscilaron entre 5,39 y 6,91 sobre 7, lo que configura un efecto techo y evidencia un consenso amplio respecto de su valor como espacio de biodiversidad, bienestar, recreación y protección ambiental. Más de siete de cada diez participantes indicaron visitar el bosque al menos una vez al mes, lo que confirma su condición de espacio vivido y apropiado socialmente.

Los indicadores de corresponsabilidad reforzaron la misma tendencia. Un 74,7 % manifestó disposición a pagar una entrada destinada a mantención y seguridad, mientras que un 91,8 % respaldó una articulación público-privada-comunitaria para su gestión. En las respuestas abiertas emergieron cinco núcleos temáticos dominantes: recreación familiar, biodiversidad o pulmón verde, identidad comunitaria, bienestar emocional y amenaza urbana. En conjunto, estos hallazgos muestran que el bosque no es percibido solo como una unidad ecológica, sino también como un soporte afectivo, simbólico y político del territorio.

La combinación entre cercanía residencial, frecuencia de uso, alta valoración y disposición a colaborar sugiere una base social robusta para modelos de co-gobernanza y gestión compartida. La evidencia también deja en claro que el principal desafío no reside en la ausencia de valoración ciudadana, sino en la capacidad institucional para traducir ese consenso en protección territorial concreta.

Discusión

Los resultados permiten interpretar el Bosque de La Florida como un bien común socioambiental intensamente apropiado por la comunidad. Desde la psicología ambiental, el alto consenso observado es coherente con una relación de apego al lugar compuesta por componentes personales, relacionales y espaciales (Scannell & Gifford, 2010). La recurrencia de significados ligados a bienestar, memoria, identidad y uso familiar sugiere que el bosque cumple funciones que van mucho más allá de la provisión de servicios ecosistémicos.

Este hallazgo dialoga con la literatura latinoamericana sobre conflicto socioespacial. Solano-Molina et al. (2024) advierten que el espacio público se produce en la tensión entre usos, sentidos y legitimidades; en esa misma línea, el bosque aparece aquí como un territorio cuya defensa expresa una toma de posición frente a la expansión urbana y al riesgo de pérdida de un patrimonio natural irreemplazable. La valoración comunitaria, por tanto, no debe leerse como una simple preferencia paisajística, sino como una forma de demanda territorial con contenido político.

La disposición a pagar una entrada y el respaldo a la articulación público-privada-comunitaria resultan especialmente relevantes porque indican disposición a corresponsabilizarse del cuidado. Esto refuerza la idea de que existen condiciones sociales para avanzar hacia esquemas de co-gobernanza, siempre que las instituciones dispongan de mecanismos transparentes, participativos y sostenibles para organizar la toma de decisiones.

La interpretación también debe considerar ciertas limitaciones. La muestra fue voluntaria y recogida en línea, lo que puede favorecer un sesgo de autoselección hacia personas con mayor interés o vínculo con el bosque. Además, la alta homogeneidad de las respuestas produjo un efecto techo que reduce la capacidad discriminativa del instrumento. Aun así, este mismo patrón constituye un hallazgo sustantivo: la comunidad no solo valora el bosque, sino que lo valora de manera ampliamente consensuada.

En términos prácticos, los resultados respaldan al menos cuatro líneas de acción: educación ambiental situada, monitoreo comunitario de cambios territoriales, ciencia ciudadana para seguimiento de biodiversidad y mesas de co-gobernanza con representación vecinal, técnica e institucional. Proteger el Bosque de La Florida no equivale únicamente a conservar un área verde, sino a resguardar bienestar psicológico cotidiano, identidad barrial y justicia socioambiental.

Desde esta perspectiva, el aporte principal del estudio no se reduce a confirmar que el bosque es valorado positivamente, sino a mostrar que esa valoración ya posee densidad social suficiente para sostener una agenda de acción territorial. La comunidad no aparece solo como usuaria del espacio, sino como sujeto colectivo capaz de reconocer el bosque como patrimonio vivo y de exigir formas de gestión acordes con ese reconocimiento. Por ello, los mapas conceptuales no funcionan solo como recursos gráficos, sino como dispositivos de síntesis interpretativa que ayudan a visualizar la transición desde la percepción individual hacia la corresponsabilidad pública.

Conclusión

El Bosque de La Florida es percibido por la comunidad como un territorio valioso en términos ecológicos, afectivos e identitarios, con una base social sólida para su conservación. La evidencia reunida muestra que la disputa por el bosque no gira en torno a su importancia, ampliamente reconocida, sino en torno a la traducción institucional de esa valoración en decisiones efectivas de protección. En consecuencia, el principal desafío no es de legitimidad social, sino de gobernanza territorial. Asimismo, esta base social favorable abre una oportunidad concreta para implementar modelos participativos que integren ciencia, comunidad e institucionalidad en torno a la protección efectiva del bien común.

Referencias

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